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viernes, 26 de octubre de 2012

EL LINQUEÑO POR PENALES


A diferencia del año pasado, El Linqueño pudo pasar de ronda en la
serie de penales y con el 4 a 2 eliminó a Villa Belgrano en un
accidentado partido. En la próxima fecha visitará a Agropecuario en
Carlos Casares.



Se dio. Con un hermoso festejo en el final. Porque, en definitiva, es
un clásico y porque la Copa seduce. El Linqueño igualó en cero con
Villa Belgrano, pero le ganó 4 a 2 desde los penales y por eso sigue
en el torneo.
El primer tiempo arrancó con un local siendo pleno dominador de juego.
Con mucha movilidad y actitud, presionado y llevándose puesto a un
Villa que no hacía pie con el 4-4-2. Cóppola intentó cubrir todo el
ancho de la cancha para luego salir de contra, pero la capacidad de
Velázquez le complicó la vida. El “Dibu” se hizo cargo y con él, el
CAEL soñó. Sin embargo, el local no pudo cristalizar ese dominio en
situaciones claras de gol.
Luego de los 15, la visita pudo al menos recuperar aire. Se plantó
apenas unos metros más adelante y desde allí creció en el juego. Al
punto tal que, a pesar de no tener tanto la pelota, tuvo las más
claras. Con “Leo” Milla como abanderado. El volante creció mucho,
generó peligro por la izquierda del ataque y por esa zona el “villero”
tuvo las dos más claras. En sendas situaciones, Del Potro mostró
seguridad.
Con el correr de los minutos, el local se fue perdiendo en la cancha.
Empujó bastante en los últimos 10 y con eso le alcanzó para volver a
jugar cerca de Irizarri, pero sólo complicó con algunos centros. La
más clara fue un cabezazo de Roca que se fue cerca del palo izquierdo
del Uno.
El complemento -luego del accidentado entretiempo- arrancó raro. El
Linqueño trató nuevamente de imponer condiciones, pero en pocos
minutos se quedó con 10 por la expulsión de Cañón por doble amarilla.
Parecía, entonces, que la visita iba a tener que ponerse el traje
protagónico, pero rápidamente igualó condiciones por la inexplicable
expulsión de Brandone por agredir sin pelota a Velázquez. Todo igual y
unos 30 minutos para revertir una cerrada historia.
Schiavi movió el banco y apostó a ganador con el ingreso de Perujo por
Hernán Salazar. Línea de tres en el fondo, tres volantes rápidos como
Bottega, Verón y Valli, y tres puntas. De León fue el que se retrasó a
enganchar y el “Dibu” empezó a dibujar por todo el frente de ataque.
Por eso, el gol empezó a cercar el área “villera”. Es que a esa altura
del partido las diferencias empezaron a notarse, la visita sólo
aguantaba y soñaba con algún centro.
Nada de eso pasó y el partido fue lógicamente a los penales. Allí El
Linqueño estuvo más fino y clasificó 4 a 2. Premio para un grupo de
jugadores que está apostando a todo. Al Argentino B, a la Copa, a
todo. Ayer dejó el alma, más allá de los aciertos y errores. El alma
pudo más, el CAEL ganó y sigue en esta siempre entretenida Copa. Ahora
viajará a Casares para visitar a Agropecuario. Y, porque no, saldar
una reciente historia.

La serie
Arrancó pateando El Linqueño
1-Roca, gol
2-Orellana, erró
3-Manavella, gol
4-Tello, gol
5-Verón, gol
6-Quiroga, gol
7-Valli, gol
8-Ciotta, erró



El Linqueño

Del Potro
Manavella
H. Salazar
Cañón
Verón
Roca
I. Salazar
Cruz
De León
Velázquez
Valli
DT: Schiavi

Villa
Irizarri
Ciotta
Quiroga
Rocha
Borbolla
Brandone
Roselló
Esfer
Pezoa
Milla
Coronel
DT: Cóppola

Suplentes CAEL: De León, Navarro, G. Del Potro, Ávalos, Bottega, Bona y Perujo.
Suplentes Villa: Ponce, Barragán, Jesueli, Orellana, Bolognese, Tello y Ulloa.
Expulsados: Cañón y Brandone.
Árbitro: Merlino, de Pergamino.


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Copa Argentina
Serios incidentes en el entretiempo

Las parcialidades protagonizaron un duro choque que duró más de 20
minutos. El partido casi se suspende, pero finalmente se jugó. Varios
heridos, dos patrulleros rotos y una clara falencia en el operativo de
prevención.


Las hinchadas de El Linqueño y Villa Belgrano protagonizaron serios
incidentes en el entretiempo y la batalla campal duró unos 20 minutos.
Por esa razón, la terna arbitral tardó 45 minutos en reiniciar el
segundo tiempo.
Finalmente llegó la garantía de un operativo ineficiente que arrojó
varios heridos y al menos dos patrulleros rotos.
La cuestión comenzó apenas finalizó el primer tiempo. De manera
increíble, la parcialidad visitante pudo salir del estadio y se ubicó
en la calle Los Ceibos. Inmediatamente una lluvia de piedras comenzó a
caer desde adentro y desde afuera. Imposible decir y afirmar quién
empezó, pero la cuestión es que las piedras caían de todos lados. Todo
siguió descontrolado y la policía se vio desbordada. La cosa se puso
más brava cuando la hinchada de Villa ingresó nuevamente a la tribuna
y encaró hacia la zona de los pulmones que separan las dos populares,
detrás de los viejos vestuarios. Los barras rompieron los dos portones
y cruzaron a buscar un cuerpo a cuerpo con sus pares linqueñistas. De
milagro no hubo un enfrentamiento. Un grupo de Infantería llegó
justito y a puras balas de goma regresaron a los visitantes a su
lugar.
Para esto los jugadores ya estaban ingresando a jugar el complemento,
pero las garantías no estaban dadas. En el centro de la cancha la
policía hablaba con la terna y los protagonistas trataron de bajar la
tensión, por eso se retiraron hacia la zona de vestuarios. Afuera
siguió la pelea (en el medio la hinchada visitante empezó a tirar
bengalas de luces, como festejando lo que pasaba), que tardó unos 10
minutos más en cesar. Finalmente la policía cerró la popular lateral
local y cercó a los visitantes. Recién ahí hubo garantías y el segundo
tiempo se reinició.
El resultado que dejó este enfrentamiento fueron varios heridos (entre
ellos cuatro policías con la cabezas lastimadas) y dos patrulleros
rotos. Un saldo negativo desde todo punto de vista. Sobre todo en la
garrafal falla del operativo de seguridad, sobre todo en el sector
visitante, ya que increíblemente se abrió un portón para que salga la
parcialidad visitante. Un error importante que se pagó muy caro.

Breves

Muy bien 1

Dentro de la locura general que fue el entretiempo, hay varios
aspectos para resaltar. Entre ellos, la colaboración de los
protagonistas que esperaron lo que correspondía para seguir jugando,
la presencia de los directivos que en primera persona trataron de
calmar los ánimos, las gestiones de todos los colaboradores
linqueñistas que siempre estuvieron ubicados y la voz del estadio (con
el regreso del querido Darío Bazán), que dejó un mensaje de
tranquilidad para los hinchas. Entre todos colaboraron para que el
fútbol siga.


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